Riddick: Back to basics

Vin Diesel en Riddick

(Artículo publicado en La Noche Americana)

Tercera entrega de las aventuras de Riddick, la saga espacial que Vin Diesel (junto al director David Twohy) se ha encargado de levantar prácticamente de la nada y que en cada entrega ha intentado ir por un camino distinto, permitiendo (como efecto colateral) que sus diversas partes puedan verse de forma independiente. En Pitch Black (2000) estábamos ante una historia de supervivencia en un terreno terriblemente hostil y Riddick, que se presentaba como un miembro más del coral reparto, se alzaba como líder de la función. En Las Crónicas de Riddick (2004), ya con el protagonismo que pedía el personaje, Diesel se enfrentaba a los Necromongers en una historia mucho más convencional en sus plantea

mientos y con un componente de aventuras muy remarcado. Un par de cortos animados después (en 2004 y 2013), llega Riddick con la intención de recuperar viejas sensaciones y hacer justicia a uno de los antihéroes más carismáticos que nos ha dado el género en los últimos años.

Riddick es un back to basics en toda regla.

Las confabulaciones palaciegas y las invasiones extranjeras han pasado a mejor vida en esta entrega que, por un lado, busca repetir la fórmula de la obra original y, por otro, plantea nuevos retos al personaje que lo alejan de las propuestas más comerciales, con ecos a títulos recientes como Infierno Blanco (Joe Carnahan, 2011). Así, Riddick podría dividirse en dos partes. La primera presenta una lucha entre el personaje encarnado por Vin Diesel contra la naturaleza, una nueva vuelta de tuerca a la saga, obligando al protagonista a dejarse llevar por sus instintos y despojarse de los vicios de la civilización. Un interesante tratamiento que nos permite profundizar en la esencia del personaje, pero que se exprime demasiado pronto, lo que exige a Twohy a pensar en otras estrategias para alargar el metraje y justificar sus dos horas.

¿Y cómo lo hace? Pues atrayendo a un grupo de mercenarios que quieren dar caza a Riddick; no olvidemos que se trata de un prófugo de la justicia. Este primer gran giro de guión sorprende para bien. Juega con las expectativas de un público receloso ante lo que podría ser un calco de Pitch Black y nos ofrece, en clave de thriller, un juego entre un gato y un ratón. Jordi Mollà, caracterizado como un gallito de corral es el único que parece tomarse el film como lo que es, un entretenimiento, y se crece construyendo un personaje deleznable pero muy divertido. Pero claro, a David Twohy se le agotan pronto los recursos y los temores terminan cumpliéndose. La noche se cierne sobre el desdichado grupo de cazarrecompensas ¿y qué tenemos? Exacto, un Pitch Black sin el impacto de esta. Y por mucho que lo intente, Katee Sackhoff no es Radha Mitchell.

Aún a pesar de la perdida de fuelle del film según va mostrando sus cartas, Riddick es capaz de contentar a los fans del género y de esta saga en particular gracias a su planteamiento inicial y a un cuidado aspecto técnico que tiene en su fotografía uno de sus mayores aliados (donde repite David Eggby tras la omnipresente Pitch Black).

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