Horizonte

Hasta ese momento nunca se había planteado una disyuntiva como aquella… ¿qué camino tomar?

Aquella mañana se despertó con una extraña sensación de ahogamiento, era preso de una rutina a la que se había visto arrastrado por la inercia, por no tomar decisiones y dejarse llevar por lo que le decían los demás. Debía hacer un cambio en su vida, más bien cambiar de vida; o ya sería demasiado tarde.

Lo primero que hizo fue llamar a su secretaria para expresarle su decisión. Le pidió que cancelara todos sus compromisos y hablara con sus clientes, él iría más tarde para despedirse de la oficina. Acto seguido cogió el coche y se dirigió al banco, en donde canceló sus cuentas y sacó todo su efectivo. Tantos años ahorrando le servirían ahora de algo.

La mañana avanzaba y ya apenas le quedaban flecos por arreglar, llamó a sus abogados para que se encargaran de todo y pasaran sus propiedades a su prometida. Ahora sólo faltaba lo más difícil, hablar con ella.

Quedaron en casa de ella y tras una taza de café le contó su decisión. Nunca le había sido tan complicado expresarse ante ella, pero para su sorpresa, se lo tomo bastante bien. Es cierto que se echó a llorar y a maldecirle, iban a casarse ese verano. Pero una vez se desahogó, le dio su bendición.

Eran amigos desde la infancia y empezaron a salir en la universidad. Ella le conocía bien y sabía que dentro de él se encontraba un soñador; las circunstancias le habían conducido por un camino distinto al que él ansiaba en su interior. Ella era consciente de que le quería, que nunca le haría daño, pero también temía lo que estaba sucediendo. Siempre supo, desde que se conocieron, que no podría llevar esa vida eternamente, un día descubriría que no valía con estar, tenía que vivir. Él, a pesar de las apariencias, no era el tipo de hombre que se adaptaba alegremente a las cosas; en el fondo, esa vida acomodada no le hacía feliz. Y ella lo sabía.

Él se lo contó todo entre lágrimas, sus deseos y sueños. Su malestar, que era su última ocasión para realizarse. Ella le dijo que siempre estaría ahí para él y se fundieron en un enorme beso de despedida.

Condujo durante varias horas hasta llegar a un cruce. Por primera vez era libre, no tenía ningún tipo de ataduras. Era el tiempo de tomar decisiones sin pensar en el que dirán o en otros. Tenía una agradable sensación de paz y seguridad, era dueño de sí mismo. No tenía un rumbo fijo ni que mirar atrás. Era su momento y multitud de alternativas se cernían sobre él.

El tiempo era su aliado y no tenía prisa en elegir un camino prefijado, los iría tomando hasta encontrar el suyo. Eso haría. Lanzó una moneda al aire y se fue hacia el horizonte. Por primera vez comenzaba a vivir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: