A vueltas con el cine y las descargas

El Congreso ha rechazado la Ley Sinde y como es normal las reacciones no se han hecho esperar. Lo más gracioso es que algunos personajes públicos que apoyan todas las causas sociales habidas y por haber (ya sea por convicción o por salir en la foto) en este aspecto se ponen a favor de quienes parten el bacalao, a favor de una ley de la que parecen obviar que vulnera nuestros derechos, los suyos incluidos, porque ¿no somos todos iguales? Según la ley, no. Ésta habría permitido el caciquismo de una comisión “defensora de la propiedad intelectual” que le daba el poder de cerrar webs sin autorización judicial previa.

El problema de base es más que evidente, pero por extrañas razones que escapan a cualquier razonamiento lógico, el sector cultural de nuestro país (especialmente el cine) no es capaz (o no quiere) verlo. La industria está anquilosada en el pasado. Las opciones que hoy tenemos no son ni de lejos las de hace 10-15 años. El sistema de distribución tradicional no sirve de nada, no existe. Mientras no vean eso claro seguirán demonizando a los usuarios (o piratas como les denominan) y manteniendo una postura victimista con el único afán de no perder su cuota de poder.

Ya desde las propias denominaciones vienen los conflictos, porque a ver, se está comparando al pirata, que según la RAE es aquella “persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar” o “persona cruel y despiadada”, con el internauta que descarga una película.

Entiendo que quieran ser los buenos de la historia, pero comparar a miles de personas (porque quien más o quien menos todos hemos descargados o visto un film online) con Barbanegra, Mary Read, el capitán Roberts e incluso (ya que hablamos de cine) con Jack Sparrow o Garfio, me parece de un absurdo desproporcionado. Ni saqueamos barcos ni somos seres despiadados.

No se debe confundir a quien se lucra con el negocio de las descargas ilegales con el usuario de Internet.

Y sí, descargo películas, pero también las compro. Soy un ferviente defensor del DVD y del visionado en salas de cine. Tanto, que ya he visto dos veces Tron: Legacy (en 3D) y me he gastado 25 € (más gastos de envío) en un DVD musical importado de Francia. Pero claro, como he dicho, también descargo. ¿Y qué me bajo de la red? Sobre todo películas que o bien están descatalogadas o ni siquiera se han editado en España. ¿Por qué voy a quedarme sin disfrutar por ejemplo de Phase IV si por medios de pago no se me ofrece ninguna opción, pero sí que lo tengo disponible delante de mí y de forma gratuita en la red?

Sí, es cierto que son muchos los que aún estando estos productos a nuestra disposición a través de canales de pago, prefieren anteponer la gratuidad a la calidad. ¿La solución? Tan sencilla como radical: con una reconversión de la industria. Una solución que por otra parte se hace necesaria para la supervivencia del negocio.

“¡Oh, qué fácil parece! Pero no estás aportando nada”. Vale pero mirad, aquí van algunas propuestas que podrían mejorar la competencia.

Ahora que se han puesto de moda las comparaciones con tomates y otros productos alimentarios, se me ocurre otra. Las galletas. Hay un montón de clases: María, rellenas de chocolate, cuadradas, de barquillo, integrales… y dentro de cada tipo existen diversas marcas. Todas y cada una a diferente precio según su origen, costes, marca… Hasta aquí todos de acuerdo. Pues bien, cambiemos las galletas por películas y me surge una pregunta: ¿Por qué me cuesta lo mismo ver en cines Todas las canciones hablan de mí que Tron: Legacy? Me gasto una media de 8€ en dos películas cuyos costes de producción están en las antípodas. La primera, española, sacada adelante con subvenciones, sin grandes alardes técnicos y con un presupuesto bastante comedido. La segunda, norteamericana, producida por la todopoderosa Disney, rodada con el sistema 3D más avanzado del mercado, un presupuesto millonario… ¿no tendría que pagar distinto precio por cada una?

Si las pelis españolas cuestan menos, se exige a los exhibidores una cuota de pantalla, las televisiones están obligadas a invertir, la mayor parte solo se producen y se distribuyen si hay alguna subvención de por medio (no vayan a arriesgar que les puede salir mal)… ¿por qué no favorecer su visionado bajando el precio de las entradas?

Al respecto se me ocurre otra cosa. ¿Tan necesarias son las subvenciones? Gracias a ellas seguimos “disfrutando” de películas autoindulgentes que no gustan ni a las familias de sus creadores. Muy pocos productores se arriesgan y ponen su dinero para hacer algo en lo que creen. La solución fácil es recurrir al gobierno de turno y extender la mano. “¿Qué la película no funciona en taquilla o no ha gustado al público? Nos importa un pepino, nosotros no hemos perdido dinero” Aquí hay que reconocer el esfuerzo de las televisiones que, obligadas a invertir, buscan la rentabilidad con películas que hacen dinero. No olvidemos que el cine es un negocio, una industria, y no una organización benéfica. Los últimos casos de películas que han hecho caja (y siguen haciéndolo) son 3MSC y Los ojos de Julia, curiosamente con televisiones y majors americanas apoyándolas.

Antes que dar dinero por la patilla “por el bien cultural”, hay que favorecer que cimente una industria competitiva. Si los dinosaurios y culturetas de turno se quedan sin hacer películas, que se reciclen y empiecen a pensar en el público. Y pensar en el público no es hacer Batman 4 o Avatar Returns, es ofrecer buenas historias.

Como ya he comentado, soy un gran consumidor de DVDs, por ello hay dos cosas que no entiendo. Una es el precio. Pongo de ejemplo mis compras navideñas. He comprado la edición básica de Eclipse por 18€. La misma película, a través de programas p2p o servidores de descarga directa, con una calidad similar, gratis. ¿Qué me ofrece el DVD sobre la copia digital? NADA. ¡Ah! La misma película, en edición especial, 21€. Algo apesta. La solución fácil es evidente, bajar los precios, o al menos los de las ediciones sencillas, para que realmente haya una diferencia entre las básicas y las completas. Pero como muchos intermediarios dejarían de ganar tanto, no parece factible. Vale, pues a ofrecer incentivos, porque lo que no es de recibo que vaya a ver El escritor en V.O. con subtítulos y que estos no estén bien: frases que no van al tiempo o que directamente no están. Los contenidos extras son el atractivo frente las copias digitales, así que ¿por qué no molestarse un poco y ofrecer contenidos que inviten a comprar?

A pesar de que no parezca factible la bajada de precios, sigue habiendo algo sospechoso. ¿Por qué un VHS de estreno costaba de media 12€ y un DVD 18€? Esta es la otra cosa que no entiendo. Se supone que el formato DVD es más económico que el vídeo, entonces ¿por qué es más caro? Voy más allá. Tengo todavía en VHS la película Independence Day, pero también la tengo en DVD, y las dos originales. ¿Por qué me he visto obligado a pagar dos veces el mismo canon a la propiedad intelectual por la misma película?

Si ya he pagado ese canon una vez, ¿por qué hacerlo una segunda o tercera vez (en el caso de tener que comprarla en Blu-ray)?

Tendría que haber un sistema que permitiera cambiar el formato de una película que ya hemos comprado sin tener que pagar otra vez por los derechos de autor. ¡¿A qué estamos jugando?! Se tendría que poder ir a la tienda y cambiar un VHS por un DVD o un Blu-Ray pagando únicamente los costes del soporte.

¿Y por qué no se potencian servicios como Filmin.es? Portales que permitan el visionado de películas por un precio razonable. ¿No sería inteleigente que se publicitaran más? ¿Y por qué limitar los estrenos a las salas? Si la mayoría de la gente ve cine únicamente por Internet, ¿no sería lo suyo que se fomentase el estreno simultáneo de películas en salas y la red?

Cierto es que por mucho que haga la industria si los consumidores no ponen de su parte, poco se puede hacer. Antes ue demonizar al usuario hay que promover y educar en nuevas costumbres. No se puede cambiar de la noche a la mañana la cultura de cine gratis que viene imperando en nuestro país en los últimos años. Hay que luchar contra el que se lucra de las copias ilegales y contra las empresas que se publicitan en esas webs.

Si la solución está en ofrecer tanto productos de pago como gatuitos ¿por qué no hacerlo? Acceso limitado (y gratuito) a ciertos contenidos y acceso ilimitado por una cuota fija mensual, anual o pago de un sms para el acceso por un periodo concreto de tiempo, como un día por ejemplo.

Pero mientras seamos unos obtusos de mente que sólo nos preocupemos en mantener un negocio decimonónico y tratar de herejía cualquier cambio que lo desestabilice, la situacuón tenderá a volverse más peliaguda.

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